La biblioteca de las puertas cerradas
Cada noche, el vigilante encuentra una puerta nueva en la biblioteca. Ninguna aparece en los planos.
La primera puerta apareció un martes, entre los libros de botánica y los atlas. Era estrecha, verde y no tenía pomo.
El vigilante avisó a mantenimiento. Nadie supo explicar de dónde había salido. A la noche siguiente apareció otra, al fondo de la sala de lectura.
Durante semanas surgieron puertas por todo el edificio. Algunas susurraban; otras dejaban escapar olor a sal, a pan recién hecho o a tierra húmeda.
Cuando por fin se atrevió a abrir una, encontró una habitación idéntica a la biblioteca, salvo por un detalle: en una mesa descansaba un libro con su nombre en la cubierta.
