Manual para escuchar un bosque
Una breve reflexión sobre caminar sin prisa y aprender a escuchar lo que no exige nuestra atención.
Para escuchar un bosque no hace falta conocer el nombre de cada árbol. Basta con llegar sin prisa y dejar que el cuerpo reduzca su velocidad.
Primero se oye el viento en las copas; después, cuando dejamos de buscar un sonido concreto, aparecen otros: una rama que cede, las hojas secas bajo un animal pequeño, el agua trabajando bajo la tierra.
La atención no consiste en apropiarse de todo lo que vemos. A veces significa aceptar que hay cosas que suceden sin nosotros y que, precisamente por eso, merecen ser observadas.
Al salir, el bosque no se queda atrás. Nos acompaña en la forma más sencilla: recordándonos que el silencio no está vacío.
